La relajación del útero


Por Mónica Felipe-Larralde

El útero es un órgano muscular hueco, o sea que está hecho de tejido muscular (1). Como cualquier tejido muscular debe poder moverse (contraerse y distenderse) sin dolor y de forma eficaz. A diferencia de los músculos que tenéis en los brazos, piernas o cara, por ejemplo; el útero está formado de músculo liso (al igual que el aparato gastrointestinal o el ureter). Este músculo (según el consenso médico), como todos los músculos lisos, no pueden ser movidos a voluntad... ¿Significa eso que no podemos relajarlo?

Pues si nos situamos ahora en la evidencia científica más ortodoxa, no parece que haya inconveniente en relajar el útero. El cuerpo no puede ser diseccionado, separado o reducido más que como un modelo para comprender; pues como se dice habitualmente, el mapa no es el territorio. El sistema nervioso autónomo o vegetativo es el encargado de controlar y regular las actividades metabólicas del organismo, por lo que mantiene una estrecha relación con el sistema endocrino. Además, inerva la musculatura lisa y la estriada cardiaca. El sistema autónomo se divide en el sistema nervioso simpático, que es el encargado de poner en marcha y sostener las acciones que implican gasto de energía. Y el sistema nervioso parasimpático, encargado de conservar la energía del sistema. Ambos sistemas son incompatibles entre sí, si está activo uno, no lo está el otro; y sus efectos son igualmente contrarios. 

Veamos. El sistema nervioso simpático inerva los músculos de las paredes uterinas a través de los ganglios mesentérico inferior y lumbosacros y su función es la vasoconstricción. Cuando el sistema nervioso simpático se pone en funcionamiento se produce una serie de efectos en el cuerpo con repercusión directa en el sistema sexual femenino:

- aumento de la frecuencia cardiaca
- aumento de la presión arterial
- aumento de la frecuencia respiratoria
- vasodilatación coronaria
- vasoconstricción genital
- estimula la glándulas adrenales
- contrae esfínter vesical interno
- relaja la vejiga

El sistema nervioso parasimpático tiene una distribución craneosacral y la mayoría de sus fibras están contenidas en el nervio vago que inerva toda la estructura contenida en las cavidades torácica y abdominal. Las fibras preganglionales hacen sinapsis en los plexos viscerales pelvianos donde invervan el colón y los órganos reproductores, entre otros. El sistema nervioso parasimpático está involucrado en los procesos para recuperar energía, el reposo del sistema y la relajación. Los efectos del sistema nervioso parasimpático en el cuerpo:

- Disminuye frecuencia cardiaca
- Disminuye presión arterial
- Disminuye frecuencia respiratoria
- Reduce riego sanguíneo al cerebro
- Provoca vasoconstricción coronaria
- Vasodilatador genital
- Estimula la digestión
- Aumenta secreción salival
- Relaja esfínter vesical interno

Ambos trabajan juntos, manteniendo un equilibrio; excepto en las situaciones de estrés, ira o miedo donde el sistema simpático es el primero en reaccionar. 

Y aquí es donde entra el entrenamiento autógeno de Schultz (el método que utilizamos para relajar el útero). Precisamente este sistema, y no otro, se basa en la posibilidad de trabajar y modificar el estado del sistema nervioso autónomo. Lleva funcionando casi un siglo, está médicamente reconocida y es utilizada en psiquiatría. Y eso es lo que hacemos al relajar el útero, pasar de estar bajo el dominio del sistema nervioso simpático al parasimpático. Y, entonces, dejamos de sentir dolor durante la menstruación, o dilatamos con mayor facilidad durante el parto o sentimos un mayor deseo y placer sexual...

¿Por qué el entrenamiento autógeno puede relajar el útero?

Como hemos visto anteriormente el útero, que es un órgano muscular, está enervado por los dos sistemas nerviosos del Sistema nervioso autónomo: el sistema nervioso simpático (SNS) y el parasimpático (SNP). El SNS lo que provoca es la tensión de estos músculos y una disminución del riego sanguíneo al órgano; mientras que la activación del SNP provocaría la relajación de las fibras musculares y una mayor afluencia de sangre al órgano. Además, el hecho de estar uno u otro sistema funcionando tiene efectos también en el resto de los órganos que comparten espacio con el útero en la pelvis y en el sistema sexual de la mujer. Una mayor afluencia de sangre al útero nos garantiza una mayor conexión entre el cerebro y el músculo, entre la oxitocina (hormona implicada en el parto y en la lactancia tanto como en el orgasmo) y los receptores de oxitocina que se encuentran en las fibras musculares del útero. Es decir, permitimos que el juego biológico que pone en marcha el sistema sexual se active globalmente.

La práctica del entrenamiento autógeno nos permite acceder con mayor facilidad a un estado de relajación profunda, lo que equivale en la práctica a activar el SNP. Esta técnica ha sido estudiada una y otra vez y son numerosos los estudios médicos y científicos que avalan los efectos físicos y psicológicos que su práctica ofrece. En 2012, el equipo del departamento de neurología del Hospital Universitario Esssen (Alemania), se había propuesto investigar la modulación del dolor durante el estado mental obtenido en la relajación autógena. En el estudio demostraron, a través de imágenes obtenidas mediante resonancia magnética, las modificaciones que la práctica del entrenamiento autógeno había efectuado en el cerebro durante un proceso doloroso. Se activaron campos cerebrales diferentes en las mismas personas cuando estas se encontraban en estado de relajación al ser sometidas a dolor (2). Incluso la aplicación de este tipo de relajación ha sido estudiada en relación a enfermedades como el síndrome de colon irritable. En la facultad de medicina de la universidad de Tohoku, llevaron a cabo un experimento en el que enseñaron a 11 personas el entrenamiento autógeno, mientras a otros 10 les ofrecían información sobre hábitos alimenticios sanos y estilo de vida. Los resultados ofrecidos en este estudio fueron una gran diferencia de respuestas entre ambos grupos y revelaron que el entrenamiento autógeno es un excelente aliado para reducir los efectos del síndrome de colón irritable (3). Tanto las reacciones al dolor como los movimientos y reacciones del colon hunden sus raíces en el funcionamiento del sistema nervioso autónomo. Por lo que, por estos, y por otros muchos estudios realizados puede inferirse que es posible acceder al funcionamiento del sistema nervioso autónomo a través del entrenamiento autógeno. Otro ejemplo lo encontramos en la reducción del tono vagal y las pulsaciones del corazón en casos de ansiedad (4). Como vemos, este tipo de relajación tiene implicaciones en el comportamiento de la musculatura lisa unitaria como el útero y la gastrointestinal y pueden mejorar su respuesta. 

Pero, y sobre todo, esta relajación está avalada por cientos de mujeres que, como yo, han experimentado por sí mismas sus efectos.

Ejercicio de relajación del útero

A continuación tenéis dos archivos en mp3 con la relajación del útero. Uno es para aquellas de vosotras que seáis diestras y otro para aquellas que seáis zurdas, ya que son diferentes. Podéis escucharla directamente desde el blog, aunque mi sugerencia es que la descargues para que este a tu disposición siempre que lo necesites. Más abajo podrás acceder a las indicaciones para realizar correctamente la relajación.

Diestras



Zurdas



El entrenamiento autógeno de Schultz es una autohipnosis. Se trata de obtener una relajación completa del cuerpo a través de imágenes que se refieren al sistema vegetativo. En general, se crean dos sensaciones básicas a través la autosugestión: pesadez y calor.

Se trata de repetir unas frases y observar cómo el cuerpo las acepta y experimenta. Esta técnica es un entrenamiento. O sea que necesita de vuestra constancia para llevarlo a cabo. Quizá en las primeras sesiones no aparezcan todas las sensaciones. No os preocupéis, es normal. Al principio puede que cueste un poco, pero con la práctica se irá perfeccionando.

Espacio para realizar los ejercicios

En general las condiciones del lugar donde realicemos la práctica tiene que cumplir unos requisitos mínimos:

- Ambiente tranquilo, sin demasiados ruidos y lejos de posibles estímulos exteriores que puedan perturbar la concentración.
- Temperatura adecuada; la habitación tiene que tener una temperatura moderada (ni alta ni baja) para facilitar la relajación.
- Luz moderada: es importante que la habitación tenga una luz tenue. 

Postura

Tumbada boca arriba, abre ligeramente las piernas y deja los brazos en paralelo a tu cuerpo ligeramente separados. Las palmas de las manos tocan el suelo. Puedes colocarte en la cabeza un cojín para reducir la curvatura cervical. 

Sugerencia

Como se trata de un entrenamiento, es importante que dediques parte de tu tiempo a él. Mi sugerencia es hacerla dos veces al día durante las dos primeras semanas. Después una sola vez. En unos dos o tres meses tu útero estará totalmente relajado. Aunque comenzarás a notar los efectos de la relajación muy pronto.

Advertencia

Si estás bajo tratamiento psiquiátrico o has tenido algún problema psiquiátrico o psicológico en el pasado, confirma con un médico o profesional que esta relajación no puede ser perjudicial para ti. 



Notas:

(2) Naglatzi RP, 2012. Cerebral somatic pain modulation during autogénic training in FMRI. University Hospital Essen. Germany.
(3) Shinozaki M. Effect of autogénic training on general improvement in patients with irritable bowel syndrome: a randomized controlled trial.
(4) Miu AC. Reduce heart ratevariability and vagal tone in anxiety: trait versus state and the effect of autogénic training.


[El presente trabajo fue desarrollado por Mónica Felipe-Larralde y difundido en su blog. Desde este espacio contribuimos a su difusión y agradecemos a la autora por el gesto socializador de la información.]

¿Por qué cago más cuando tengo la regla?







Por Irene y Lola, de Proyecto Kahlo


¿No os ha pasado que cuando tenéis la regla os entran unas terribles ganas de ir al baño? ¿Que notáis que vuestros intestinos trabajan más de lo habitual? Con la menstruación, a muchas de nosotras (me atrevería decir que a la mayoría…) nos aumenta esa imperiosa necesidad de visitar al señor Roca… y no para hacer pis. Ya nos entendemos.

Fue una grata sorpresa para mí enterarme de que esto era de lo más normal. Que no se debía a que mi cuerpo fuera especialmente sensible al desprendimiento del endometrio, ni a que mi colon sintiera envidia de mi útero, ni nada parecido.

Chicas, la respuesta está en las hormonas. En dos concretamente: las prostaglandinas y la progesterona. Pese al nombre raruno de la primera (yo hasta hace poco no sabía ni que existía) os aseguro que, a partir de ahora, quedará grabada a fuego en vuestras mentes.

Pero, por partes, ¿qué son las prostaglandinas?

Las prostaglandinas (PGs) son metabolitos del ácido araquidónico, que es un ácido graso que se obtiene de la carne o sus precursores. La síntesis de la PGs se realiza por la conocida vía COX (ciclooxigenasa). Actúan como hormonas autocrinas y paracrinas, es decir, ejercen su efecto sobre las células que las originan y adyacentes.

Las prostaglandinas deben su nombre a la glándula prostática ya que fueron aisladas por primera vez en el líquido seminal en 1936.

Las PGs tienen un metabolismo muy corto por lo que ha sido difícil su estudio, por ello, los datos que se conocen sobre sus efectos y acciones se basan en investigaciones experimentales.

Bien, ya sabemos qué son. Y que las puñeteras no sólo afectan a las células en las que se originan sino también a las que están cerca de ellas… Y ¿qué hacen las prostaglandinas?

Las acciones de las PGs, como consecuencia de su unión a un receptor determinado pueden ser muy diferentes. Desde la inhibición de la agregación plaquetaria, efecto vasodilatador en el sistema circulatorio, regulación de la secreción y motilidad del aparato intestinal y respiratorio, contracción uterina, la ovulación, mediador de procesos inflamatorios, fiebre, hasta participar en la inmunidad, el cáncer, etc.

Me ha parecido ver algo de intestinos y útero por ahí. Creo que empezamos a atar cabos, ¿verdad? Pues atentas a lo siguiente:

Durante el ciclo sexual femenino, y por diferentes influjos hormonales (progesterona, estrógenos, LH…) los niveles de las diferentes tipos de PGs aumentan y/o disminuyen a los largo del mismo favoreciendo determinadas acciones. Entre ellas las más significativas:

  • ROTURA DEL FOLÍCULO OVÁRICO, (estructura que alberga al óvulo en el ovario).
  • LUTEOLÍSIS, regresión del cuerpo lúteo (estructura vestigio del cuerpo folicular tras la ovulación).

Los niveles de PGs aumentan significativamente durante la menstruación. En cuanto al endometrio, son responsables de diferentes efectos como:

  • Vasoconstricción de los vasos que irrigan la capa mucosa uterina
  • Extravasación de sangre al espacio vascular formando zonas hemorrágicas
  • Necrosis del endometrio
  • Contracciones uterinas
  • Al estar implicadas en la contractilidad uterina y en el control de la hemostasia, se cree que son responsables de las dismenorreas (el dolor durante la menstruación)

Las prostaglandinas tienen responsabilidad en las contracciones uterinas -y de paso de los dolores menstruales-. Y recordemos que estas hormonas no sólo afectan a las células donde se producen sino en las adyacentes. ¿Y qué hay cerca del útero? Sí. Los intestinos. AJÁ. Así que éstos se ven congraciados con la sabiduría y la acción de las dichosas prostaglandinas haciendo que, de paso que se nos contrae el útero, ellos también bailen la Macarena.

Las hormonas en el ciclo menstrual.
Para que tengamos la menstruación, la progesterona cae en picada.


Si a eso le sumamos el hecho de que nuestra amiga progesterona es algo astringente y que, como vemos en la imagen, pega un bajón considerable para que tengamos nuestra menstruación, se explican muchas cosas.

El llamémosle “efecto intestinal” que tienen las prostaglandinas, puede ser algo menor en las chicas que tomáis anticonceptivos hormonales. Pero si notáis también que “algo sucede” es normal. Las pastillas anticonceptivas contienen progesterona sintética. En las pastillas del final del ciclo, que suelen ser de diferente color, no contienen esta progesterona para que puedas tener el sangrado. ¿Recuerdas lo anterior sobre la progesterona? Pues ahí lo tienes.



Bibliografía: Sánchez Gil, Mª del Mar. Prostaglandinas y función reproductiva. Clases de Residentes. Unidad de Obstetricia y Ginecología Hospital Virgen de las Nieves.

Fuente original: Proyecto Kahlo

Ginecología Autogestiva: Razones para promover el autoconocimiento



…hay que tomar conciencia de que nuestro cuerpo puede ser
un instrumento revolucionario para el cambio
Leonor Taboada


Por: Marcela VS

Con mucha frecuencia nos preguntan qué es la ginecología autogestiva, de dónde surge y por qué la promovemos. Aunque creo que no hay una sola respuesta a los motivos, ni tampoco una sola definición, aquí aventuro dos razones que me parecen importantes y, al final, dejo una tercera que no requiere elaboración. Quizá con ésa debería haber empezado esta entrada.

En cuanto a la definición y origen, suele convenirse que la ginecología autogestiva, o self help como la llama Leonor Taboada en su manual introductorio, tiene su origen en los vertiginosos años setenta. Su principal nutriente fue el feminismo que centró su atención en la dimensión política del cuerpo y en las distintas técnicas disciplinarias y de dominación que se ejercen sobre él, la medicina incluida. Si hurgamos un poco encontraremos que en otros momentos de la historia han existido grupos de mujeres que comparten información y conocimiento sobre el cuerpo, la sexualidad o el embarazo y el parto, entre otros temas; sin embargo, el movimiento del autoconocimiento al que me refiero es aquel que reconoce su origen en el intenso intercambio que dio lugar a la publicación del Boston women´s health book collective, que aún sigue dando frutos.

Para nosotras, hablar de ginecología autogestiva -nombre que preferimos en lugar de self help, que también es traducido como “autoayuda” y tiene otra connotación- implica hablar de un movimiento político y pedagógico que hace hincapié en el autoconocimiento a través de estrategias variadas, como podrían ser la observación del ciclo menstrual, de la fertilidad, del funcionamiento y uso de los anticonceptivos, entre otras prácticas en las que abundaremos posteriormente.

El extremo de la madeja, señalado en casi todos los manuales disponibles, implica voltear a mirarse la vulva, tomar un espéculo y recorrer los intersticios que no conocemos y que culturalmente nos han sido vedados a lo largo de la historia. Pero ése es apenas el inicio del recorrido y, según nuestra experiencia, no es el único camino posible.

Antes de continuar, hagamos una pausa.

Si en este momento quieres parar de leer porque crees que es trasnochado decir que las mujeres no conocemos nuestro cuerpo, revisa los datos del estudio reciente publicado en The Independent en el que se concluye, entre otras cosas, que el 50% de las mujeres británicas de entre 26 y 35 años que participaron en la encuesta fueron incapaces de identificar su vagina en un diagrama médico.  Quién sabe cómo nos iría en una encuesta como ésa por estos rumbos mexicanos.

Le sigo. Contrario a lo que pudiera suponerse, cualquier grupo de mujeres, independientemente de su edad, estado civil, o preferencia sexual, puede organizar un grupo de autoconocimiento. Lo único que se requiere es tener disposición para aprender y compartir experiencias sobre el cuerpo a través de la observación directa, el intercambio de saberes y la investigación colectiva. Una clínica de ginecología autogestiva no se circunscribe a un espacio de cuatro paredes, ni precisa certificaciones o grados académicos. Se trata de un proceso educativo en colectivo, que puede ser itinerante, temporal o permanente, y el límite es lo que cada grupo sea capaz de imaginar, reflexionar, proponer, investigar y diseñar.

Vamos ahora con las razones, no son todas y -seguramente- habrá quien señale que no son las más importantes. Cada una construye la o las razones por las que considera que es relevante conocer y apropiarse de su cuerpo.

Primera. Porque (literalmente) generamos conocimiento desde abajo y el conocimiento es poder.

La ginecología autogestiva  trae consigo una crítica a la práctica médica occidental centrada en la medicalización y un cuestionamiento a la producción del conocimiento que la sustenta.

En los años setenta, en los grupos de ginecología autogestiva se hablaba de “desmedicalizar a la sociedad” y de brindar autonomía e información veraz a las mujeres. Esta idea partía del cuestionamiento a la neutralidad y objetividad de la medicina. En aquel entonces se criticaba a la práctica médica en general, y a lxs médicxs en específico, por resguardar celosamente la tecnología que regula nuestra capacidad reproductiva. En otras palabras, se reconoció que la práctica médica era la encargada de operar estrategias biopolíticas sobre los cuerpos gestantes (cuerpos de mujeres, vaya) y el campo médico se vislumbró como un espacio de control del cuerpo, que tendría que ser transformado. El énfasis se situó en el autocontrol del cuerpo a partir del acceso y el control de los métodos anticonceptivos, así como el conocimiento para interrumpir un embarazo no deseado.

Desde luego, en casi cuatro décadas la práctica médica ha cambiado de manera importante y funciona desde la lógica neoliberal (si este tema te interesa invierte una tarde en ver la conferencia “¿La muerte de la clínica?” de Beatriz Preciado). Los problemas de salud de las mujeres también han cambiado, así como las percepciones sobre algunos temas; por ejemplo, muchas de nosotras ya no estamos tan ciertas de que los métodos anticonceptivos (como funcionan hoy en día) sean sinónimo de libertad sexual y autocontrol del cuerpo.

Actualmente, las críticas feministas a la práctica médica también se centran en otros aspectos como: su alianza con las farmacéuticas; la falta de ética al falsear información relacionada con los efectos adversos de los medicamentos prescritos a las mujeres; la fragmentación, la invisibilización o la patologización de los procesos biológicos del cuerpo; el presupuesto de que el cuerpo femenino requiere corrección y control médico y farmacológico a lo largo de todo el período reproductivo; el énfasis en la función reproductiva, entre otros temas.

Tomando en cuenta todo lo anterior, promovemos ginecología autogestiva porque posibilita la construcción colectiva de un conocimiento que parte de nuestras preocupaciones y que contribuye a la emergencia de saberes sometidos o marginales -basados en la experiencia empírica y en el intercambio solidario-, que interpelan a los saberes hegemónicos. También porque implica un cuestionamiento a las relaciones de poder y a las prácticas económicas que regulan y definen lo que es la salud y la enfermedad de las mujeres y su tratamiento. Resumiendo, porque vemos en esta práctica un resquicio de libertad para poder construir salud y bienestar para nosotras.

Segunda. Porque el autoconocimiento es un gesto amoroso.

Mientras escribía estas líneas se cruzó por mi camino el magnífico texto de Coral Herrera “Sin tiempo para el amor: el capitalismo romántico”. Al leerlo, terminé de asentar una idea en torno al amor y a aprender a ponernos en primer lugar. Me explico con más detalle. Más allá de la crítica a la medicina y de la posibilidad de construir para nosotras una vida más saludable -que no es poca cosa-, la ginecología autogestiva trae consigo un gesto amoroso muy potente, se trata del amor hacia una misma.

Para muchas de nosotras, sumergidas en varios proyectos y/o trabajos simultáneos,  encontrar tiempo y lugar para el amor significa un reto gigante y, si logramos estirar el tiempo para procurar y mimar, preferimos brindar ese cuidado a otrxs. Sigue siendo usual que las mujeres en una familia se pongan en último lugar para atender un problema de salud, por ejemplo. Desde luego, no se puede pasar por alto que las posibilidades de acceder a la atención médica, o de disponer del tiempo y la energía para el descanso o para el placer, varían de manera significativa de un contexto social a otro. Este punto amerita una reflexión por separado.

En  medio de la vorágine, practicar la observación y el autocuidado del cuerpo puede ser visto como una apuesta revolucionaria en nombre del placer y el amor propio. Implica sabernos dueñas de nuestro propio cuerpo y con el pleno derecho de reclamar un tiempo para nosotras. Por supuesto, este reclamo no es ingenuo, amerita, por una parte, cuestionar las posibilidades que tenemos en este modelo económico-cultural, y por otra, expandir creativamente las opciones y posibilidades que nos da nuestra dinámica urbana y neoliberal (a la mexicana).

La ginecología autogestiva también puede entenderse como una reivindicación del deseo de cuidar de una misma. Y, por si esto no fuera suficiente, tenemos la posibilidad de explorar formas variadas de acompañamiento entre mujeres que transitan este mismo camino. Promovemos la ginecología autogestiva porque desde ahí podríamos gestar una revolución profunda si luchamos (así, como lucha porque nadie nos lo va a conceder) por construir tiempos y espacios para amarnos y cuidar de nosotras mismas.

Tercera. Y última por hoy...

Promovemos la ginecología autogestiva simple y llanamente porque tenemos la posibilidad y las ganas.

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** Si quieres leer un poco más, date una vuelta por el número 34 y 35 de la revista Mujeres y Salud. También puedes revisar la tesis de Alba Martínez Rebolledo sobre el movimiento self-help.

Este texto fue tomado de: Vulva Sapiens